Logros que inspiran

 Logros que inspiran

Es campeona mundial de nado sincronizado. Toca el piano. Hace windsurf. Judo. Juega al hockey. Le encanta bailar. Aprendió a manejar. Es alegre. Divertida. Y genera a su alrededor sonrisas de las más profundas. De esas que conmueven, de verdad. Y que, se nota, son el reflejo de algo que va mucho más allá. Jacinta Martínez Ranceze está cumpliendo veinte años y después de ver el corto Siembra, que filmó el director Matías Gey, lo que se transmite es la capacidad de lograr. De inspirar. Y de amar. Por sobre todas las cosas. Es un aporte para lograr una sociedad más inclusiva, ojalá más comprensiva y, por qué no, algo más sabia.

“Hacer Siembra con Jachu fue un proyecto que estaba esperando porque desde que empecé a estudiar cine, me empezó a pesar la responsabilidad de ser parte de los primeros cien años de cine. Algo tenés que decir. Me fui dando cuenta que más allá de todo lo que le aportaba a los laburos en relación a la creatividad, la forma de filmar, el ojo artístico, la iluminación, los movimientos de cámara y detalles, lo bueno de las piezas recaía en el guión, en lo que se iba a decir. Entonces, a medida que fui creciendo laboralmente, fui tratando de encontrar qué decir y se me presentó con Jachu. Simplemente, sabía que ella iba a competir y había que filmarla”, cuenta Matías Gey.

Después de haber filmado con Ricardo Arjona en Abbey Road en Londres, de haber ganado varios premios por publicidades en ESPN, y de dirigir los recitales de DirectTv de Sting, Axel, Playing for Change y La Berisso, el corto Siembra tiene para él un lugar más que especial. Porque encontró el mensaje que quería transmitir. Porque Jachu es su prima, además de campeona mundial de nado sincronizado con Síndrome de Down. Porque vivió de cerca el esfuerzo de sus papás Ricky y Raquel, y de su hermano Hilario. Su empuje y dedicación constante. Y porque ve en ella la inspiración que genera al ir siempre por más.

“Del árbol que ahora siembro, cuando su plenitud se haya logrado, otros disfrutarán sus bienes, mas yo estaré en el árbol”, lee Jachu sobre la puerta corrediza que separa la cocina del living en el campo familiar de la ciudad de Dolores, a mitad de camino entre Buenos Aires y Mar del Plata. Es parte del poema de Juan Burghi que dio el nombre al corto.

Una cámara nueva pero que se mojó en el mar y se pudo restaurar en parte, le da también a este corto un enfoque distinto. “El video de Jacinta está todo filmado sin monitor. Con la cámara a la vieja usanza, como si fuera fotografía. Miraba yo y medio filmaba. En la pileta no veía nada. Tiene mucho de todo eso”.

Cuando estaba filmándola mientras ella entrenaba, pensaba qué iba a decir este corto, el mensaje era sobre diversidad, sobre inclusión, sobre superación y salió la poesía. “Como me enteré que ella en sus viajes a Mar del Plata pasaba por el campo a aprender a manejar, me pareció también que era un ejemplo de lo común que hay en ella. Aprender a manejar es algo que todos hemos hecho y que para ella no es distinto. Y eso me parecía genial. Era un punto que nos conectaba a todos como familia. Y ahí me acordé de las poesías”, comenta Matías. “A la hora de leer la poesía, ella no quería que nadie estuviera cerca. Quería estar sola conmigo. La leímos juntos. Fue espectacular. Para mí, inolvidable”.

Matías tiene 41 años y, ya con varios premios y aún más anécdotas, su camino no fue tan lineal. A los 30 empezó a estudiar Cine y TV, mientras en la multinacional en la que trabajaba lo ascendían creyendo que seguía estudiando Marketing. Pero una nueva propuesta de ascenso lo impulsó a renunciar. Con todo el vértigo que eso implica y tal vez alguna que otra preocupación familiar. Al año, estaba dirigiendo su primer spot para ESPN en Bristol, New York.

Es director, es filmmaker. Y una de las cuestiones fundamentales es tener plan b, plan z también. Los imprevistos siempre aparecen. Así que se prepara con muchísimo rigor. Se sumerge en el mundo de cada cosa que hace, investiga qué otras formas hay de encarar ese proyecto. Estudia las locaciones, viaja por Google Earth y Google Maps antes de llegar al lugar. Analiza cada opción posible. Pero no todo se puede controlar. Como le pasó cuando se casaba su hermana Connie, y él estaba de viaje filmando un comercial de muñecas. El huracán no se fijó en el calendario. Por suerte, pudieron conseguir otra locación. Cambiaron los pasajes que tenían al día siguiente del rodaje para viajar a la noche. Su vuelo fue el último que salió autorizado y no se canceló. Todos los que estaban después estaban cancelados. Estuvieron sentados doce horas en el aeropuerto. Era un caos total, hasta el supermercado no tenía mercadería. Pero lo lograron.

Siembra es un video deportivo de inclusión. “En este video está puesta toda mi creatividad. Para mí tiene un millón de niveles de significancia y detalles de todos lados”, analiza Matías. Dice que lo primero que le pasa con Jachu es que ella es una artista también con la cámara, como cualquier otro artista que filmó, que sabe que la cámara está ahí presente, que sabe cómo actuar, que sabe ser natural. “Y se lo ve cuando la filman en la segunda parte del corto con los celulares. Yo traté de centrarme en sus detalles y en sus cositas más cercanas, con planos más cortos. Esa característica que tiene ella de ser graciosa, de reírse, suelta, natural, amorosa y sobre todo, de hacer. Ella estaba ahí dispuesta a que yo la filme y haciendo cualquier cosa. Es espectacular. La verdad que es emocionante. Ella supera sus miedos porque sabe que inspira a otros”.

Varias medallas cuelgan de su cuello. La de campeona mundial, está claro, no es una más. Pero no es la única. Terminó quinto año del colegio, empezó la facultad. Compitió en plena cuarentena a través de Instagram usando un filtro. Hace poco volvió a entrenar. Sí. Ella no se detiene. Quién hubiera imaginado, cuando empezó a los seis meses en matronatación, que viajaría por el mundo representando al país. Que su pelo rubio largo y lacio dejaría entrever las letras de Argentina en la campera del seleccionado nacional.

La cara de su mamá lo dice todo. Esa mirada hacia su hija cuando están caminando en la orilla del mar. Mezcla de amor con admiración, si fuera posible nombrarlo de alguna manera. El abrazo de su hermano. Qué abrazo que llega hondo. Y el grito de “Vamos Jachuuuuu” de su papá justo antes de entrar en la pileta del mundial 2018. Bastante más que un equipo incondicional.

“En el corto hay cosas que me parecen muy lindas. Cuando la vamos a recibir todos, hay unas pocas tomas en familia. Ella se iba, ella no estaba con nosotros. Estábamos todos celebrando sus logros y ella estaba en la computadora viendo tutoriales de Youtube de cómo aprender a besar, besar paso a paso”, detalla Matías.

Él dice que es como un disc jockey de lo distinto, de lo creativo. Que busca encontrar algo que a la gente le llame la atención. Y que los premios van por ese lado. Por la creatividad, por la forma de interpretar las ideas. Haber sido disc jockey le permitió descubrir lo que le gusta a la gente.

Y hoy es la suma de sus días. Diferentes actividades, hobbies, trabajos, que lo llevaron a crear por un camino distinto. Las charlas que daba para motivar a su equipo de rugby cuando tenía quince años, los años dedicados a la gastronomía y al trato con proveedores, los pasos por las distintas universidades, tocar el bajo y la guitarra con su banda de música que tiene con los amigos del colegio, parecen confluir hoy en un todo con sentido.

Uno de sus próximos proyectos es poder construir su propia plataforma para poder armar el contenido con mayor libertad. “Quiero volcarme a tratar de generar una plataforma chica y así dejar de depender de los ciclos y las finanzas del cliente. Un nicho que me permita nutrirme para producir los videos, y vender el contenido”. Eso es la ONG en Chapadmalal. Lapai es una manzana de una casa con construcción natural, con un bosque comestible y agricultura basada en la medicina. “Yo en esa manzana veo un set de filmación, y todo tipo de técnicas de Webinar, de clases, de seminarios de permacultura, de alimentación saludable consciente”, concluye.

por LUJÁN FRANCOS